Psicoterapia basada en la evidencia: qué significa realmente

La psicoterapia basada en la evidencia ha ganado peso en los últimos años, pero el concepto genera cierta confusión. ¿Qué quiere decir que una intervención esté basada en la evidencia? ¿Significa que tu terapeuta solo debería aplicar protocolos estandarizados?

¿Qué significa que una terapia tenga evidencia?

A veces, que una terapia esté basada en la evidencia se entiende como aplicar una técnica concreta que ha demostrado funcionar. Otras veces se contrapone la evidencia científica a la experiencia de las profesionales, como si hubiera que elegir entre una y otra.

La American Psychological Association (APA) establece que este enfoque implica integrar la mejor evidencia científica disponible, la experiencia clínica del profesional y las características, necesidades, contexto y preferencias de la persona que consulta.

La investigación psicológica estudia la eficacia y efectividad de las intervenciones mediante diferentes tipos de estudios:

  • Los ensayos clínicos aleatorizados permiten comparar tratamientos en condiciones controladas

  • Las revisiones sistemáticas y los metaanálisis permiten integrar los resultados de múltiples estudios

  • Los estudios realizados en contextos clínicos habituales ayudan a determinar si esos resultados se mantienen cuando la terapia se aplica en ambientes reales, fuera de las condiciones más controladas de la investigación.

Además, para decir que una intervención tiene evidencia no basta con que exista un estudio en el que funcionó. La calidad metodológica de los estudios, la consistencia de los resultados, el tamaño de los efectos, las características de las personas estudiadas y la posibilidad de trasladar esos resultados a la práctica clínica son factores a tener en cuenta.

Eficacia y efectividad tampoco son lo mismo. La eficacia hace referencia a hasta qué punto una intervención produce los resultados esperados cuando se estudia en condiciones controladas de investigación. La efectividad, en cambio, hace referencia a cómo funciona una intervención cuando se aplica en condiciones clínicas habituales, con pacientes y profesionales similares a los que encontramos en la práctica cotidiana.

Una intervención puede demostrar eficacia en un ensayo clínico muy controlado y no ser tan efectiva cuando se aplica a personas con diferentes niveles de gravedad, comorbilidades, problemas sociales u otras circunstancias vitales que normalmente se excluyen de los ensayos clínicos.

A mayores, existe una tercera cuestión relevante: la eficiencia. Una intervención puede ser eficaz y efectiva, pero también hay que analizar qué recursos son necesarios para conseguir esos resultados. En psicoterapia pueden entrar en juego aspectos como el número de sesiones, el tiempo de tratamiento, los costes, la accesibilidad o la posibilidad de utilizar modalidades como la terapia online.

Por eso, cuando decimos que una terapia ha demostrado ser eficaz, esto debe interpretarse dentro de las condiciones y población estudiadas. No significa que vaya a producir exactamente el mismo resultado en todas las personas.

En este sentido, no existe una terapia que sea la mejor a nivel universal.

La evidencia permite identificar intervenciones eficaces para determinados problemas, pero eso no significa que exista una única terapia adecuada para todas las personas con un mismo diagnóstico.

Dos personas con depresión pueden presentar síntomas similares y, sin embargo, tener historias, recursos, dificultades interpersonales, niveles de funcionamiento y objetivos diferentes. La intervención psicológica tiene que tener en cuenta esas diferencias.

La investigación reciente también está estudiando precisamente esta cuestión. Un metaanálisis de 52 artículos encontró que las intervenciones psicológicas personalizadas presentaban una pequeña ventaja sobre los tratamientos estandarizados, aunque el efecto todavía está bajo estudio (Nye et al., 2023).

Personalizar una terapia no significa, por tanto, abandonar la evidencia científica, sino utilizarla como punto de partida para tomar decisiones clínicas, en lugar de convertirla en una receta genérica para cualquier persona que llegue a consulta.

Más que protocolos

Uno de los errores más frecuentes es confundir una práctica basada en evidencia con la aplicación mecánica de un protocolo.

Los protocolos pueden ser muy útiles, porque nos permiten establecer procedimientos estructurados, reproducibles y evaluables. Sin embargo, una persona que acude a terapia no es únicamente un diagnóstico.

Una persona puede presentar TDAH, agorafobia y un TCA a la vez. Puede tener depresión y conflictos en su relación de pareja por una infidelidad. Puede tener estrés postraumático desde hace 9 meses y un trastorno por abuso de sustancias desde hace 20 años.

Es decir, una persona puede presentar síntomas compatibles con un trastorno pero encontrarse en un momento vital en el que sus prioridades sean otras. Hay pacientes que son conscientes de que tienen determinados problemas, pero que acuden a terapia para tratar uno en específico, en ese momento concreto de su historia vital.

La práctica clínica requiere valorar qué intervención es apropiada, qué objetivos son relevantes y razonables, qué dificultades pueden interferir con el tratamiento y cómo adaptar el proceso sin perder el respaldo científico.

Precisamente por eso, la APA plantea la práctica basada en la evidencia como una integración entre investigación, experiencia clínica y características y preferencias de la persona, y no como la aplicación aislada de resultados de investigación.

¿Qué pasa cuando la evidencia es limitada?

Esta es una cuestión especialmente importante, ya que la psicología no dispone de respuestas definitivas para todas las dificultades que pueden llevar a una persona a consulta.

Algunas intervenciones cuentan con una evidencia muy sólida para determinados problemas, mientras que en otras áreas la investigación es todavía limitada, heterogénea o difícil de trasladar a determinados perfiles de pacientes.

En estos casos, trabajar de forma basada en evidencia implica reconocer la incertidumbre, utilizar el conocimiento disponible y tomar decisiones clínicas razonadas. También implica actuar con honestidad y evitar presentar como científicamente demostrado aquello que todavía no lo está.

La ausencia de evidencia suficiente no equivale automáticamente a demostrar que una intervención sea ineficaz, pero tampoco permite afirmar que funciona simplemente porque sea popular, porque algunas personas hayan tenido buenas experiencias o porque nuestra intuición lo cree.

La importancia de evaluar

La evaluación no debería terminar cuando comienza la terapia.

Una intervención puede ser adecuada en términos generales y, sin embargo, no estar produciendo cambios suficientes en una persona concreta. Por eso resulta útil revisar periódicamente los objetivos, observar la evolución de los síntomas y hablar de si la intervención está siendo útil.

Esta forma de trabajar permite modificar el tratamiento cuando es necesario, introducir otros procedimientos o plantear una derivación cuando las necesidades de la persona superan el ámbito de intervención del profesional.

En este sentido, la evidencia no solo sirve para decidir qué hacer, sino también para preguntarse si lo que estamos haciendo está funcionando.

La psicoterapia basada en la evidencia consiste en utilizar el conocimiento científico disponible sin olvidar que la terapia ocurre con una persona concreta, con una historia concreta y en un contexto determinado. Implica conocer qué intervenciones han demostrado eficacia, valorar la calidad de esa evidencia, utilizar el razonamiento clínico para decidir cómo aplicarla, construir una relación terapéutica adecuada y revisar durante el proceso si los objetivos se están alcanzando.

Simplificando mucho, podría reducirse a saber qué conocemos, qué no conocemos y cómo utilizar esto para tomar las mejores decisiones clínicas posibles para cada persona.

Como terapeuta con un enfoque basado en la evidencia, siempre estoy disponible para que mis pacientes hagan preguntas sobre las técnicas y ejercicios que aplicamos en terapia, el porqué de los objetivos que hemos marcado o las diferentes opciones que existen para su caso, ofreciendo una atención honesta, íntegra y científica.

Bibliografía

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