Reconociendo el TDAH en la edad adulta
Cuando la gente piensa en TDAH el estereotipo es un niño de unos 10 años, revoltoso y propenso a las trastadas, que trae de cabeza a sus padres y maestros.
Aunque algunas personas con TDAH hayan sido así durante su infancia, sería raro esperar que su comportamiento y capacidad de adaptación no hubiesen evolucionado en absoluto a los 20, 30 o 60 años. Con la edad, muchas características se aprenden a camuflar o compensar, haciendo que las dificultades pasen más desapercibidas para el resto.
Si el diagnóstico no ha llegado durante la infancia o adolescencia, puede ser complicado distinguir los síntomas y hacer el diagnóstico diferencial (descartar otros trastornos que puedan explicar la sintomatología). Herramientas diagnósticas como la entrevista DIVA-5 dan ejemplos adaptados de cómo comportamientos asociados a ciertas características del TDAH evolucionan a medida que la persona se hace mayor.
Dar a conocer cómo la sintomatología se expresa en personas adultas puede ayudar a detectar casos que no se habían detectado durante la infancia. Un diagnóstico tardío puede ofrecer una explicación del porqué de dificultades y sensaciones que siempre han acompañado a la persona, y ser el primer paso para hacer las adaptaciones pertinentes.
Como ya se ha explicado en otros posts, el enfoque propuesto para la terapia no es corregir déficits, sino adaptar el entorno a las capacidades y necesidades de cada paciente. Esto implica aprovechar sus puntos fuertes e implementar adaptaciones (tienes una lista exhaustiva de adaptaciones posibles aquí) para mejorar su funcionamiento diario y calidad de vida.
Recordemos que el TDAH es un trastorno del neurodesarrollo relacionado con dificultades en la regulación de la atención, la impulsividad y las funciones ejecutivas. Esto significa que las dificultades van más allá de la inquietud o falta de concentración, porque implica dificultades para dirigir, mantener y cambiar el foco atencional según las demandas de la situación (Faraone et al., 2021).
En adultos, la hiperactividad suele transformarse. No siempre aparece como movimiento constante o incapacidad para estar sentado, sino como una sensación interna de inquietud. Los pacientes refieren:
Una mente que va muy rápido, pensamientos atropellados o constantes
Dificultad para desconectar y descansar
Necesidad constante de estar haciendo algo
Malestar ante periodos prolongados de espera o baja estimulación
Necesidad de hacer deporte a menudo, con sensación de irascibilidad si no se puede
Hablar mucho o cambiar rápidamente de tema
Impulsividad durante las conversaciones, como interrumpir a otras personas o revelar información de forma poco meditada
La inatención puede manifestarse de formas como:
Dificultad para terminar tareas, incluso cuando son importantes (dejarse cosas a medias)
Saber perfectamente qué tienen que hacer, pero no conseguir empezar (problemas para iniciar actividades)
Necesitar una presión externa (fecha límite, urgencia, supervisión) para activarse
Procrastinación de tareas
Sensación de bloqueo ante tareas con muchos pasos
Saltar de una tarea a otra porque los estímulos nuevos captan la atención
Perder objetos con frecuencia o tener dificultades para mantener el espacio organizado
Olvidos frecuentes de citas o compromisos
Parecer distraído durante conversaciones
Dificultad para escuchar cuando hay muchos estímulos
Un aspecto importante es que muchas personas con TDAH no tienen una falta absoluta de atención, sino una dificultad para regularla. Pueden presentar una concentración muy intensa en actividades que resultan estimulantes (hiperfoco), mientras que tareas rutinarias o poco interesantes pueden costar mucho esfuerzo.
Otra característica frecuente son las dificultades en funciones ejecutivas, es decir, en aquellas habilidades que permiten planificar, priorizar, gestionar el tiempo y regular la conducta. En la vida adulta esto puede traducirse en llegar tarde de forma recurrente, subestimar cuánto tiempo llevará una tarea, acumular tareas pendientes o sentir que siempre se está intentando poner al día sin conseguirlo (Faraone et al., 2021).
También pueden aparecer dificultades relacionadas con la regulación emocional. Aunque no forman parte de los criterios diagnósticos recogidos en los manuales, numerosos estudios han señalado que es frecuente que las personas adultas con TDAH presenten mayor reactividad emocional, frustración intensa, dificultad para volver a la calma tras una emoción fuerte o sensación de desbordamiento ante demandas acumuladas (Asherson et al., 2022).
En muchas personas, especialmente aquellas que han desarrollado estrategias compensatorias durante años, el TDAH puede pasar desapercibido hasta etapas con mayores exigencias: universidad, incorporación al mundo laboral, maternidad/paternidad, cambios vitales o situaciones donde las estrategias previas dejan de ser suficientes.
Por eso, algunas personas llegan a consulta no porque sus síntomas se hayan vuelto más intensos, sino porque el contexto ha cambiado y ahora necesitan más recursos para gestionar unas demandas mayores. De hecho, en mi experiencia, los pacientes no siempre sospechan que tienen TDAH. Mucha gente cree que tiene depresión, trastorno bipolar, ansiedad, problemas neurológicos o que, simplemente, son fallos de su carácter.
Aunque es importante señalar que el TDAH en adultos suele coexistir con otros problemas psicológicos, como ansiedad, depresión, problemas de autoestima o agotamiento. Esto puede dificultar su identificación, ya que algunas consecuencias del trastorno pueden confundirse con otros cuadros clínicos (Hernández et al., 2021). La comorbilidad, es decir, la existencia de más de un diagnóstico a la vez, es común en TDAH y requiere que se haga una evaluación a conciencia de toda la sintomatología reportada.
Como pequeña anotación a este respecto, una comorbilidad frecuente con TDAH son los trastornos por uso de sustancias y adicciones comportamentales. La impulsividad, necesidad de estimulación, busca de recompensas inmediatas y dificultades de regulación emocional hacen a la población con TDAH más vulnerable a desarrollar patrones de dependencia/adicción (Ramos-Quiroga et al., 2020). Algunos estudios indican que el patrón de abuso de alcohol estaría presente en el 25% de los adultos con TDAH, y el consumo de cocaína y opioides en el 18-19% (Pérez de los Cobos et al., 2023).
En relación con la sintomatología más general, es importante recordar que tener despistes, procrastinar o sentirse cansado no significa automáticamente tener TDAH. Para establecer un diagnóstico es necesario valorar la historia evolutiva, la presencia de síntomas desde etapas tempranas, el impacto en diferentes áreas de la vida y descartar otras explicaciones posibles.
Un diagnóstico adecuado puede permitir comprender mejor el propio funcionamiento y orientar hacia estrategias y apoyos basados en evidencia. Detrás de muchas dificultades que parecen falta de organización, motivación o disciplina puede haber un patrón neurocognitivo que merece ser comprendido.
Evaluar el TDAH desde una perspectiva científica permite sustituir la culpa por conocimiento y desarrollar herramientas ajustadas a la persona.
Haz click en el siguiente artículo si quieres leer más sobre cómo se vive el proceso de diagnóstico en la edad adulta.
Bibliografía
Asherson, P., Buitelaar, J., Faraone, S. V., & Rohde, L. A. (2022). Adult attention-deficit hyperactivity disorder: Key conceptual issues. The Lancet Psychiatry, 9(9), 723–735.
Faraone, S. V., Banaschewski, T., Coghill, D., Zheng, Y., Biederman, J., Bellgrove, M. A., Newcorn, J. H., Gignac, M., Al Saud, A. M., Manor, I., Rohde, L. A., Yang, L., Cortese, S., Almagor, D., Stein, M. A., Albatti, T. H., Aljoudi, H. F., Alqahtani, M. M. J., … Wang, Y. (2021). The World Federation of ADHD International Consensus Statement: 208 evidence-based conclusions about the disorder. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 128, 789–818. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2021.01.022
Hernández, F., Plaza, J., & Kreither, J. (2021). Trastorno por Déficit Atencional e Hiperactividad en adultos: Una revisión sistemática de abordajes terapéuticos. Psicoperspectivas, 20(1). https://doi.org/10.5027/psicoperspectivas-Vol20-Issue1-fulltext-2095
Kooij, J. J. S., Bijlenga, D., Salerno, L., Jaeschke, R., Bitter, I., Balázs, J., et al. (2019). Updated European Consensus Statement on diagnosis and treatment of adult ADHD. European Psychiatry, 56, 14–34.
Pérez de los Cobos, J., et al. (2023). Prevalence of Attention Deficit Hyperactivity Disorder (ADHD) among Substance Use Disorder (SUD) populations: Meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 158, 1–10.
Ramos-Quiroga, J. A., Nasillo, V., Fernández-Aranda, F., & Miquel, L. (2020). Treating adult ADHD and comorbid substance-related disorders. European Psychiatry, 63(1), e68. https://doi.org/10.1192/j.eurpsy.2020.65

