¿Por qué trabajamos las habilidades sociales en TDAH?

Cuando hablamos de TDAH solemos pensar en dificultades para concentrarse, organizar el día a día, gestionar el tiempo o controlar impulsos, que normalemente afectan al desempeño en la escuela o lugar de trabajo y al mantenimiento del hogar.

Sin embargo, hay una esfera que suele verse afectada, pero que tiende a pasar desapercibida: la social.

Los déficits ejecutivos y la necesidad constante de estimulación pueden tener efectos negativos en el cuidado de las relaciones personales, y la impulsividad e inatención afectan a la capacidad de adaptarse a determinados contextos. Por eso, trabajar habilidades sociales puede ser una herramienta útil para mejorar las relaciones y reducir conflictos.

Relacionarnos con otras personas requiere mucho más que saber qué decir. Por ejemplo, una conversación implica mantener la atención, esperar nuestro turno, interpretar señales sociales, recordar lo que la otra persona acaba de decir, regular nuestras emociones y adaptar nuestra respuesta al contexto.

En personas con TDAH, la impulsividad puede hacer que interrumpa una conversación aunque tenga intención de escuchar. Las dificultades atencionales pueden hacer que pierda parte de la información o que desconecte cuando la conversación se alarga. Las dificultades en las funciones ejecutivas pueden afectar a la capacidad de inhibir una respuesta, entre otras cosas.

Esto puede resultar frustrante tanto para la persona con TDAH como para su entorno, ya que la persona sabe cómo le gustaría comportarse, pero en el momento concreto le cuesta ponerlo en práctica.

En ese sentido, una persona puede saber perfectamente que no debería interrumpir, que debería escuchar antes de responder o que sería mejor expresar su enfado de otra manera, pero conocer una estrategia no garantiza poder utilizarla eficazmente cuando existe cansancio, estrés, aburrimiento, sobrecarga emocional o cuando el tema es especialmente estimulante.

Otro aspecto especialmente relevante es la regulación emocional. La investigación reciente señala que las dificultades de regulación emocional son frecuentes en adultos con TDAH y pueden relacionarse con la gravedad de los síntomas, el funcionamiento ejecutivo y otros factores clínicos.

En la práctica, esto puede traducirse en emociones que aparecen con mucha intensidad o que resultan difíciles de modular una vez activadas. Por ejemplo:

  • sentir las críticas de forma muy intensa

  • reaccionar impulsivamente durante una discusión

  • frustrarse rápidamente cuando algo no sale como se esperaba

  • tener dificultades para recuperar la calma después de un conflicto

  • arrepentirse a posteriori de algo que se dijo en un momento de enfado

Cuando estas situaciones se repiten, pueden terminar afectando a las relaciones con parejas, amistades, familiares y compañeros.

Por eso no trabajamos solo las habilidades sociales, sino también regulación emocional, tolerancia a la frustración y control de impulsos. Es importante analizar qué necesita cada persona para poder adaptar el tratamiento a sus dificultades concretas, a la vez que aprovechamos las herramientas que ya tiene.

¿Qué habilidades podemos trabajar?

Escucha activa

Estrategias para mantener la atención en una conversación, recordar información relevante, hacer preguntas, expresar necesidades y comprobar que hemos entendido correctamente a la otra persona.

Turnos e impulsividad

Estrategias para reducir las interrupciones, controlar respuestas impulsivas y encontrar formas de participar activamente en una conversación sin tener que inhibir por completo la espontaneidad.

Asertividad

Aprender a expresar opiniones, límites, necesidades y desacuerdos de forma clara, sin recurrir ni a la evitación ni a respuestas demasiado intensas.

Flexibilidad

Trabajar la capacidad de cambiar de estrategia cuando una determinada forma de actuar no está funcionando, mejorando la adaptación a diferentes contextos sociales.

Regulación emocional

Identificar señales tempranas de activación emocional y desarrollar estrategias para responder de una forma más ajustada cuando aparece frustración, enfado, vergüenza, etc.

Resolución de conflictos

Aprender a detener patrones de discusión, identificar qué está manteniendo el conflicto y practicar formas alternativas de responder que vayan encaminadas hacia la resolución pacífica.

Gestión del tiempo

Trabajar la planificación de encuentros, la puntualidad y el uso de recordatorios para facilitar una comunicación más constante y predecible en las relaciones.

Gestión de la energía

Identificar qué situaciones sociales requieren más esfuerzo y aprender a regular la energía disponible, incorporando descansos, límites y adaptaciones cuando sean necesarios.

Mantener presentes las relaciones

Desarrollar estrategias para mantener el contacto con personas importantes cuando no están presentes o no existen estímulos externos que nos las hagan presentes, evitando interpretar esta dificultad como falta de interés (la famosa falta de permanencia del objeto).

Comunicación de necesidades y adaptaciones

Aprender a identificar y comunicar qué necesitamos en nuestras relaciones para poder establecer acuerdos que funcionen para ambas partes. Por ejemplo, más tiempo para responder, recordatorios o adaptaciones sensoriales.

Es importante señalar que las habilidades sociales no son un conjunto de características que una persona “tiene” o “no tiene”, sino que son conductas y procesos que pueden entrenarse, ajustarse y utilizarse de manera diferente según la situación.

En terapia, el objetivo no debería ser enseñar a una persona con TDAH a comportarse como una persona neurotípica ni eliminar características de su personalidad como la espontaneidad, la energía o la creatividad, sino que pueda elegir cómo responder en cada momento, sin sentir que sus impulsos eligen por ella.

Por ejemplo, no se trata necesariamente de conseguir que una persona nunca interrumpa. Puede tratarse de que aprenda a reconocer cuándo una interrupción es importante, cuándo puede esperar, cómo recordar una idea sin perderla y cómo participar en una conversación de una manera que resulte satisfactoria tanto para ella como para los demás.

Las dificultades sociales asociadas al TDAH son muy diferentes de una persona a otra. Algunas personas necesitan trabajar principalmente la impulsividad, mientras que otras se beneficiarán más de trabajar la regulación emocional o la comunicación en pareja.

Por eso, antes de decidir qué habilidades trabajar, es importante entender qué está ocurriendo, en qué situaciones aparece y qué consecuencias está teniendo, para poder adaptar las estrategias a las necesidades de cada persona.

Es por esto que me gustaría terminar recalcando que una intervención eficaz no consiste en enseñar a alguien a encajar mejor en cualquier contexto, sino en proporcionarle herramientas para que pueda desenvolverse en sus relaciones de una manera más consciente, flexible y alineada con sus objetivos.

Bibliografía

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